El Águila (constelación)

La constelación del Águila se encuentra en el hemisferio norte de la esfera celeste. Fue descrita por Claudio Ptolomeo en el Almagesto (siglo II), formando parte de las 48 constelaciones antiguas. Durante muchos siglos tuvo que convivir con la constelación de Antínoo, situada en sus cercanías y que fue eliminada. Entre tantas aves que pueblan el cielo estrellado no podía faltar el águila, la más majestuosa.

Esta constelación ocupa una superficie de 652,5° cuadrados, en los que contiene un total de 41 objetos NGC, ningún objeto Messier y ningún objeto Caldwell. La estrella más brillante del Águila es Altair. En cuanto a su nomenclatura, su abreviatura es Aql, su nombre en latín es Aquila y su genitivo es Aquilae. Tiene un total de 124 estrellas (de magnitud visual < 6,5).

Carta celeste de la constelación del Águila
Carta celeste de la constelación del Águila
Leyenda de la carta celeste

Leyenda: en la carta celeste se muestra la cuadrícula de las coordenadas ecuatoriales. Las estrellas se representan en color blanco, y su tamaño se relaciona con su magnitud absoluta redondeada al entero más cercano. Las etiquetas de las estrellas siguen la denominación de Bayer. En algunas cartas celestes se ve representada la eclíptica en color azul claro.

Localización

Podemos encontrar la constelación del Águila siguiendo la Vía Láctea a lo largo del cuello de otra constelación parecida: el Cisne celeste. Una estrella muy brillante, situada debajo de la constelación de la Flecha y a occidente del Delfín, nos indicará que hemos encontrado la constelación que estamos buscando.

El Águila tiene 9 constelaciones colindantes:

Coordenadas

La constelación del Águila puede observarse durante buena parte de la estación estival, porque su oposición al Sol se produce a mediados de julio. Por tratarse de una constelación ecuatorial, es visible prácticamente desde cualquier parte del mundo.

Siempre en función de su posición en el cielo, el Águila se eleva cerca del punto cardinal este y se esconde hacia el oeste. Abarca una región del cielo comprendida entre las 18 horas 40 minutos y las 20 horas 35 minutos de ascensión recta, y entre -15° y -18° de declinación, aproximadamente.

Estrellas notables

La estrella más brillante del Águila es Altair o Alfa Aquilae, que domina la constelación brillando con una magnitud de 0,8. El significado de Altair es «águila voladora» en árabe. Altair forma uno de los tres vértices del Triángulo de verano, completado por las estrellas Vega y Deneb de las constelaciones de la Lira y del Cisne, respectivamente.

Esta estrella del Águila destaca por su rápida rotación, detectada con métodos espectroscópicos; la efectúa en sólo seis horas y media, por lo que esta estrella tiene una forma claramente aplanada por efecto centrífugo. Además, Altair puede reconocerse fácilmente en el cielo por la presencia de dos estrellas que la acompañan como dos guardianes: Beta Aquilae y Gamma Aquilae.

La estrella Beta Aquilae o Alshain tiene una magnitud aparente de 3,7. Se trata en realidad de una estrella binaria cuyas componentes están separadas visualmente 13 segundos de arco, con las magnitudes 3,7 y 11,4. La componente principal es una subgigante amarilla y la secundaria es una enana roja. Se encuentran a casi 45 años luz de nosotros. Alshain significa «el halcón peregrino» en árabe.

La estrella Gamma Aquilae también se llama Tarazed y tiene una magnitud aparente de 2,7, siendo la segunda más brillante del Águila. Se trata de una gigante naranja que se encuentra a 460 años luz de nuestro sistema solar. Esta estrella anaranjada también recibe el nombre de Reda, aunque es mucho menos utilizado.

La estrella Eta Aquilae pertenece a la clase de estrellas pulsantes del tipo Delta de la constelación de Cefeo, llamadas cefeidas. Se trata de estrellas que permiten evaluar la distancia de los cúmulos y de las galaxias en que son observadas, porque tienen una relación muy precisa entre su período de pulsación y su luminosidad absoluta.

La magnitud de Eta Aquilae oscila entre 3,5 y 4,4 en unos 7 días, 4 horas y 15 minutos, pasando del mínimo al máximo en unos dos días para volver lentamente al valor más bajo. Su distancia a la Tierra es de 1180 años luz y su luminosidad, relativamente elevada, hace fácil su observación. Sin embargo, también es difícil encontrar estrellas vecinas a ella que permitan determinar fácilmente las oscilaciones de su magnitud por comparación con ellas.

Objetos notables

A pesar de encontrarse en plena vía Láctea, la constelación del Águila no contiene muchos objetos visibles a través de un telescopio. Sin embargo, podremos ver algunos cúmulos abiertos, como NGC 6709, formado por unas 40 estrellas y situado a unos 2500 años luz de la Tierra. Tiene una magnitud aparente de 6,7.

Es destacable el objeto NGC 6751. Se trata de una nebulosa planetaria de gran belleza cuya estrella central tiene una temperatura de 140000 K. Tiene una magnitud aparente de 12, por tanto se requiere un telescopio de gran apertura para poder visualizarla. Esta nebulosa tiene un diámetro de 0,8 años luz y se encuentra a unos 6500 años luz de nuestro sistema solar.

En la constelación del Águila también es posible observar algunas irregularidades del esplendor del plano galáctico, porque en ella hay algunas nebulosas oscuras que enmascaran la visión de los campos estelares situados detrás de ellas.

Mitología

Hay diversas leyendas ligadas a esta antigua constelación. Según una de ellas, el Águila es el ave que raptó a Ganímedes para llevarlo al cielo con el fin de que hiciese de copero para los dioses.

Lámina antigua de la constelación del Águila
Ilustración de la constelación del Águila en el Atlas Coelestis de John Flamsteed (1729). Su estrella más brillante, Altair (Alfa), se encuentra en la base de su cuello.

Según otra leyenda, el Águila representa el ave en que se transformó Venus para llevar a cabo un engaño ideado por Júpiter para atraer a la diosa Némesis, de la que se había enamorado. Para vencer la resistencia de su amada, el supremo dios se transformó en un cisne, representado por la vecina constelación, y encargó a la bella Venus que se transformase en un águila y fingiese querer cazarlo. Apiadada por los apuros del cisne, Némesis intentó salvarlo de las garras de la cazadora, pero al hacerlo, cayó en la trampa de Júpiter.