Los nombres de las estrellas

El ser humano siempre ha sentido la necesidad de poner nombre a todas las cosas que existen en el Universo, y el firmamento estrellado no es una excepción. Los primeros objetos en recibir un nombre fueron los astros más brillantes, como el Sol y la Luna; y con el paso del tiempo nombraron el resto de astros, como las estrellas.

La astronomía es una ciencia que nació con la necesidad de saber con precisión el comienzo y el fin de las estaciones, y así planificar mejor las actividades productivas, centradas principalmente en la agricultura. El movimiento de las constelaciones en el cielo proporcionaba un excelente reloj natural, y es por esta razón que fueran los pueblos agrícolas los que estudiaran el cielo en profundidad.

Vista del cielo con la Vía Láctea y un campo de flores
Vista del cielo estrellado con la Vía Láctea y un campo de cultivo.

Actualmente, la nomenclatura de las estrellas es una competencia de la Unión Astronómica Internacional (UAI). Pero muchas de las estrellas conservan sus nombres de cuando la UAI aún no existía. Y cabe señalar que la gran mayoría de las estrellas no tienen nombre, sino un número.

Pero empecemos por el principio.

Denominaciones antiguas

Muchas estrellas recibieron su nombre por la posición que ocupan dentro de su constelación. Por ejemplo, la estrella Deneb de la constelación del Cisne. Deneb significa «en la cola», porque se encuentra donde está la cola del cisne.

Otras estrellas recibieron nombres relacionados con ciertas peculiaridades. Este es el caso de la estrella Régulo, ubicada en la constelación del León y que es su estrella Alfa (la más brillante). Se llama así porque se encuentra sobre la eclíptica, posición que le otorga cierta importancia. Esta posición es más propia de los planetas; de ahí sale el atributo de «pequeño rey».

La estrella Mira de la constelación de la Ballena es otro ejemplo digno de mención. El nombre se debe a la propiedad de la estrella de cambiar de luminosidad hasta el punto de hacerse invisible durante largos períodos. Johannes Hevelius la denominó así en el siglo XVI porque Mira en latín significa «maravillosa».

La mayoría de los nombres de estrellas fueron asignados en épocas antiguas, por lo que pueden tener muy distintos orígenes: griego, latín o árabe.

Denominación de Bayer

Johann Bayer implantó un sistema en 1603 (en su atlas estelar Uranometria) para designar los nombres de las estrellas. Asignaba letras minúsculas del alfabeto griego a las estrellas más luminosas de una constelación, empezando por α (Alfa) la más luminosa, β (Beta) la siguiente, y así sucesivamente hasta la menos luminosa.

Grabado de la constelación de la Osa Mayor (atlas estelar Uranometria, 1603)
Grabado de la constelación de la Osa Mayor (atlas estelar Uranometría, 1603).

En astronomía, estas letras se conocen como letras de Bayer. A esta letra le seguía el nombre de la constelación, en latín. Así, por ejemplo, la estrella más brillante de la constelación de Perseo se denomina Alfa Persei.

Es muy conveniente, pues, familiarizarse con el alfabeto griego:

α alfa β beta γ gamma δ delta
ε épsilon ζ dseta η eta θ theta
ι iota κ kappa λ lambda μ mi
∋ ni ξ xi ο ómicron π pi
ρ ro σ sigma τ tau υ ípsilon
φ fi χ ji ψ psi ω omega

Pero el alfabeto griego sólo tiene 24 letras y en una constelación hay muchas más estrellas. El propio Johann Bayer se encontró con esta limitación y continuó con el alfabeto latino. Primero empezó con las letras latinas en minúscula, y luego utilizó las letras latinas mayúsculas, terminando con la letra Q. Naturalmente, también se le quedó corto. Dos ejemplos de estos nombres de estrellas son P Cygni y l Carinae.

Es importante señalar que algunos nombres de estrellas como R Leporis o W Ursae Majoris no forman parte de las asignaciones que estipuló Johann Bayer, sino que son denominaciones de estrellas variables.

Además, hay errores en algunos de los nombres de las estrellas que asignó Bayer, ya que los límites de frontera de las constelaciones no eran muy claros. Además, las estrellas han ido cambiando su luminosidad con los años.

Denominación de Flamsteed

Poco tiempo después fue John Flamsteed el que creó un nuevo sistema para denominar las estrellas. En vez de usar letras, John usó números arábigos para identificar las estrellas de cada una de las constelaciones. De esta forma esquivó las limitaciones de la denominación de Bayer.

Dentro de cada constelación se asigna el número 1 a la estrella de ascensión recta más baja, 2 a la siguiente, y así sucesivamente. Esta escala no está basada en la luminosidad sino en un orden de derecha a izquierda para quien observa el cielo.

Esta clasificación de las estrellas se publicó en 1712 en Historia Coelestis Britannica. La publicaron Isaac Newton y Edmond Halley aún sin tener la autorización de Flamsteed. La denominación de Flamsteed llegó a contener un total de 2554 estrellas. Algunos ejemplos son las estrellas 50 Persei, 61 Cygni o 89 Herculis.

Sin embargo, Flamsteed trabajó en una versión diferente de su sistema para nombrar las estrellas, que fue publicada en 1725, después de su muerte. En esa versión, John había usado descripciones en vez de números. Pero la versión que se popularizó fue la publicada inicialmente, es decir, usando números.

Lámina de la constelación de Sagitario (Atlas Coelestis, segunda edición de 1753)
Lámina de la constelación de Sagitario (Atlas Coelestis, segunda edición de 1753).

La denominación de Flamsteed se hizo muy popular en el siglo XVIII, y se suele usar cuando una estrella no tiene la denominación de Bayer. Pero si una estrella tiene la doble denominación, la de Bayer es preferible. En el caso de la estrella δ Serpentis (Delta Serpentis), por ejemplo, se prefiere ese nombre en vez de 13 Serpentis.

Las estrellas variables

Por otra parte, el descubrimiento de estrellas que no brillan de forma constante, sino que su luminosidad varía de un modo más o menos regular, generó la necesidad de crear una nomenclatura que distinguiese estos astros de los demás.

Se decidió caracterizar las estrellas variables mediante letras latinas mayúsculas seguidas del genitivo de la constelación de pertenencia. Ejemplos de esta denominación son YZ Ceti de la constelación de Cetus, y R Hydrae de la constelación de Hidra. Pero hay algunas diferencias respecto a la denominación de Bayer.

La primera estrella variable descubierta en una constelación no se designa con la letra A sino con la letra R, seguida de la S, y así sucesivamente. La letra A se utiliza después de la letra Z. Una vez agotadas las letras del alfabeto, se vuelve a empezar con la RR, seguida de la RS, y así sucesivamente.

Nombres antiguos en la actualidad

Con la revisión de los límites de las constelaciones realizada por la Unión Astronómica Internacional (UAI) durante la primera mitad del presente siglo, algunas estrellas atribuidas antiguamente a una constelación pasaron a formar parte de una constelación vecina.

No obstante, se decidió mantener los nombres históricos. De este modo nos encontramos con casos como el de la estrella 10 Ursae Majoris, que como sugiere el nombre, formaba parte de la constelación de la Osa Mayor. En la actualidad, esta estrella pertenece a la constelación del Lince.

Los modernos catálogos estelares

A día de hoy, los potentes telescopios permiten observar estrellas muy débiles. Por esta razón, el trabajo de inventario de estrellas se vuelve más arduo, obligando a los astrónomos a asignar siglas menos poéticas que los nombres antiguamente atribuidos a los astros más luminosos.

Se han elaborado catálogos que listan todas las estrellas visibles hasta una cierta magnitud. A esta familia pertenecen los catálogos siguientes: Catálogo Henry Draper (HD), Bright Star Catalogue (BS), Catálogo Gliese (GJ) y el Catálogo SAO, por sus siglas en inglés de Smithsonian Astrophysical Observatory. En ellos, todas las estrellas se nombran por las siglas del catálogo seguida de un número.

Vista del cielo con un paisaje homogéneo y una carretera central.
Vista del cielo estrellado con un paisaje homogéneo y una carretera central.

Este método sin duda es un poco frío y mucho menos fascinante que el uso de nombres como Antares, rival de Marte, o Fomalhaut, la boca del pez, pero para identificar un objeto con precisión es suficiente.